¿Fracaso, Regresión, o Inversión?

Cuando la mayoría de los historiadores hablan acerca de los fracasos de la modernidad, a menudo utilizan categorías tales como fallo, desviación, transgresión o variaciones similares en torno al concepto más fundamental de regresión a ideas o regímenes sociales más antiguos o premodernos. Lo que quiere decir generalmente, por exponerlo más bien crudamente, es que la humanidad moderna es todavía demasiado débil para resistir a ideas sociales y hábitos más antiguos y bien arraigados. En esta vía, cuando los investigadores liberales admiten los “fracasos” del modernismo, a menudo sitúan la culpa en una “naturaleza humana” conservadora que preserva formas sociales obsoletas, y las utiliza para luchar contra las nuevas. Los historiadores conservadores encontrarán casi siempre la causa del fracaso en la capacidad moderna de aplastar los valores y estructuras sociales antiguas por medio de una desenfrenada creencia en el progreso y la modernización.
Miremos primero más de cerca al contenido de esta noción de “regresión histórica”.
La pregunta esencial que debe ser considerada aquí es: ¿la regresión histórica significa realmente un retorno objetivo a los antiguos contenidos ideales, sociales y morales? En la observación encontramos que, en realidad, esto no es en ningún modo un retorno a los viejos tiempos, sino una adaptación totalmente moderna y una utilización de los antiguos contenidos para objetivos modernos, utilizando puramente medios modernos. De hecho, esto revoluciona los así llamados “contenidos antiguos” de un modo radical. Se puede demostrar en detalle cómo el antiguo contenido es totalmente transformado a través de un riguroso proceso de selección, cambio y adaptación, que le da forma en modos enteramente nuevos y decididamente modernos, creando una forma social original y substancialmente moderna. Incluso cuando el conservador, el contrito, el reaccionario, cree ardientemente que “retorna a las fuentes puras” de la religión de sus padres, nación, o estamento social, está utilizando y manipulando su tradición y herencia, como hecho histórico, de acuerdo con sus ideas y necesidades presentes, modernas. El proceso es el siguiente:
Elige su material selectivamente
Interpreta a voluntad lo que selecciona
Inventa totalmente nuevos elementos
Los mezcla intencionalmente con los elementos que ha seleccionado e interpretado de su tradición
El régimen social, cultural o político que funda reflejará esta combinación de elementos realmente nueva y original de un modo típicamente moderno (individual-universal)
Ahora, la observación del proceso formativo de estos contenidos, conduce naturalmente a la consideración de la forma de la síntesis creada. La forma es diferente del contenido sólo en cuanto a esto, que entre los elementos del contenido, encontramos (aunque de un modo marcadamente transformado) elementos de contenidos antiguos. Pero el proceso de formación y la forma del “retorno” es actualizada de un modo totalmente moderno. Por lo tanto, podemos decir que no sólo el proceso de selección, interpretación, invención y realización de ideas (que son tomadas para representar el reflejo puro de fuentes originales) es moderno, sino lo que es más, las formas de sus actualizaciones son invariablemente modernas. La realización de los llamados contenidos antiguos, más puros, será actualizada utilizando cualquier herramienta moderna disponible, tanto si es conceptual, científica, tecnológica, social o política, para crear una sociedad que vuelva a “los valores dados por Dios”.
Si una revolución conservadora es propiamente moderna, por supuesto que un activista revolucionario radical que lucha contra el antiguo régimen y su herencia regresiva y dominadora, es del todo moderno. Él actualiza el mismo proceso, sólo que con la (relativa) inversión de contenido y forma. Mientras que el bolchevique, por ejemplo, creía que su contenido ideal era verdaderamente nuevo (después de todo sus referencias eran la Revolución Francesa, Marx y Lenin, y no el monte Sinaí), la forma del régimen que él crea (la dictadura del proletariado), no es otra cosa sino un régimen realmente similar, aunque infinitamente más fortalecido, al régimen zarista contra el que lucha. Existe, por supuesto, esta moderna diferencia, que su celo asesino, utilizando medios científico-tecnológicos de destrucción masiva, hacía que, no sólo la crueldad de Iván el Grande, sino también la de los peores tiranos de entre los emperadores romanos y los déspotas asiáticos, pareciera un juego de niños inocentes. Si esto es cierto, entonces ¿no son todas las revoluciones contemporáneas inherentemente modernas? Por ejemplo, ¿no fue la revolución del Ayatollah Jomeini en Irán (1979) tan moderna como la llamada dictadura “moderna” del Shah, quien fue secretamente apoyada y controlada por los EEUU, y que de hecho usurpó el mucho más democrático régimen de Mohammad Mossadegh? ¿No son todas las revoluciones fascistas y religiosas, que son llamadas “regresivas”, de hecho tan modernas como las revoluciones comunistas? A pesar de que pueda parecer paradójico, ¿qué podemos decir acerca de la idea liberal “progresista” de un “mercado libre” global dominado por los EEUU? ¿No será esta tiranía económica una de las más “regresivas”, debida al más oculto de los regímenes modernos?
Lo que se pasa fácilmente por alto, es el hecho de que las revoluciones radicales, conservadoras y capitalistas son todas igualmente modernas. Esto es cierto porque las tres encarnan y utilizan la esencia de la modernidad, que es la dupla, o doble vínculo, universal-individual. Las tres aspiran a un régimen totalitario absoluto y universal, en el cual se predica el individualismo-universalismo (siempre puesto en práctica por medio de la ley de “estado de emergencia” o “estado de excepción” permanente, como fue formulada por Carl Schmitt), donde precisamente los más modernos ideales serán realizados, pero en su forma inversa.
Ahora, como ya he mencionado antes, lejos de ser una falta de modernidad mediante un fracaso o regresión, lo que se realiza a través de estas revoluciones es de hecho la completa inversión de la modernidad. Pero esta completa inversión definitivamente no es un fracaso de la modernidad, tampoco una transgresión, represión o regresión, sino más bien, la más pura forma a través de la cual la modernidad aparece en el escenario de la historia moderna. Además, esta inversión en el más puro sentido se realiza a través de forma y contenido porque opera más allá de ambos, y es capaz de operar en el nivel puramente virtual, desde el cual los dos son actualizados. Y esta es la ruptura esencialmente moderna de la mente humana hacia la universalidad, no en ningún sentido ideal abstracto, sino en el sentido en que la ciencia moderna nos enseña. Por ejemplo, la detonación de la bomba atómica es una actualización del hecho de que nuestra ciencia física ha penetrado en la raíz del poder universal -y por tanto infinito- de toda existencia “material”. La futura revolución genética de la naturaleza y la humanidad es posible sólo porque la ciencia de la vida incrementa su conocimiento acerca del origen virtual de la diferenciación e individuación genética.
El lugar de la inversión es el evento de la modernidad, lo universal tomado como virtualidad concreta e infinita, ahora accesible por primera vez en la historia al pensamiento y la acción humana. Ésta es la razón por la cual las tres inversiones históricas y sus variantes insisten en realizar sus respectivas ideas de modo universal, ya sea como “retorno” o como “progreso”. Es siempre a través de una apelación a la naturaleza global humana y universal, así como a las leyes naturales universales, que la modernidad está realizando sus (invertidas) metas. En otras palabras, en lugar de decir regresiones, transgresiones o fracasos, sugiero el concepto de inversión con sus variaciones típicas y atípicas. Y por tanto, me gustaría nombrar las tres inversiones típicas de los principales ideales de la modernidad, a saber, fraternidad, libertad e igualdad, como las primeras inversiones universales-virtuales.
El origen de estos ideales es el sentimiento semiconsciente de la singular esencia de la naturaleza y la naturaleza humana. Luego han sido extraídos de esta singular virtualidad, puestos del revés, individualizados y actualizados a través de tres revoluciones: las revoluciones Francesa y Bolchevique, y las revoluciones Fascista y Nacional-Socialista, y en la continua revolución Capitalista. La esencia de esta inversión es totalmente universal, y sólo puede ser fundamentada en la virtual completitud de la idea, expresando la completa realidad de lo virtual. La moderna inversión virtual “triformada”, tiene lugar a través de las tres revoluciones, aunque con diferencias y predominancias específicas en cada caso. Orwell señala con precisión este principio de la inversión en su libro 1984 con el concepto de neolengua: guerra = paz, odio = amor, esclavitud = libertad.





















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