EL ARTE SOCIAL Y LA EVOLUCIÓN CULTURAL BURGUESA
Con el inicio del Renacimiento, una nueva etapa de conciencia nace en Europa. Desde el tiempo medieval de las grandes organizaciones, burgos, Iglesia, conventos, se destaca al individuo como nuevo centro irrenunciable. La religión, la sociedad, miran con asombro el atrevimiento de Galileo o de Giordano Bruno, enfrentándose al "sistema" de entonces, en el que la organización, la vida comunitaria ciudadana o la Iglesia Católica en su conjunto, dan sentido al individuo y no al revés.
Esta individualidad emergente nace en la contradicción, ( si abro la puerta de la iglesia cierro la del laboratorio, y lo contrario) tal como expresó Newton. Aparece el abismo entre fe y ciencia. No obstante, este abismo contradictorio servirá de revulsivo para la toma de conciencia de las distintas clases sociales.
En la aristocracia neoplatónica florentina, en el Papado, y, en general, en toda Europa, se vive una profunda transformación de conciencia. Los nobles se convierten en mecenas de pintores y artistas. Los Medici, los Sforza etc., se alimentan de los pensamientos de los genios de la época. Siglo y medio más tarde se prepara una nueva evolución en la burguesía. La Ilustración nos aporta individuos que a través de la Filosofía y la Literatura despiertan un afán renovador.
La preparación de la Revolución Francesa y su coincidencia con esta época hace soplar nuevos aires de los que, sobre todo, se beneficiará Estados Unidos.
El Idealismo alemán irrumpe con fuerza, impulsando el desarrollo de la individualidad. En el idealismo ético de Fichte, en el estético de Schiller, en el mágico de Novalis, en el lógico de Hegel, en todos ellos se apela a la responsabilidad del individuo respecto a sí mismo y a su entorno. Se propugna la búsqueda de la Verdad, la Bondad y la Belleza como un equilibrio entre el individuo y el mundo, entre sujeto y objeto. Lo bello, lo verdadero y lo bueno son las fuerzas creadoras del hombre, el nuevo Grial que cada uno debe buscar.Ello supone transformar viejas creencias, hábitos de pensamiento, hábitos sociales, crear nuevos estilos políticos, etc. La estructura piramidal monárquica deberá sustituirse por monarquías parlamentarias, a través de la cuales el burgués medio adquirirá responsabilidades en la marcha de los acontecimientos. Ello suponía, en el fondo, la muerte de la creencia en un Dios abstracto que todo lo puede y todo lo sabe, y la pérdida de relación del Rey con este elemento divino, expresado en las monedas: "Rey por la gracia de Dios".
En 1830, la burguesía europea en general adujo que "las uvas estaban todavía verdes y volvió la espalda a esta búsqueda. A mediados del Siglo XIX casi todo el se había olvidado de quién era Hegel. En España, Sanz del Río busca en el Idealismo alemán un revulsivo que regenere la vida social y política.En 1840 surgen Max Stirner y Carlos Marx, pertenecientes a la misma tertulia hegeliana y de los que partirán dos caminos distintos. El uno habla del individuo y de su propiedad (cada hombre es único), la moral es algo a crear por cada individuo. El otro escribe El Capital, que servirá de aglutinante para una nueva clase social emergente de la revolución industrial: la clase obrera. Carente de ningún tipo de prejuicio, se abrirá al ideal científico y al materialismo dialéctico con su lucha de clases, cuyas consecuencias aparentes han llegado hasta finales del Siglo XX.
Max Stirner proclama la libertad. Será el anarquismo quien se alimente de sus escritos. Bakunin, Kropotkin, Mc- Key, etc., pretenden integrar lo social y la naturaleza. Las leyes vivas de lo natural debidamente interiorizadas por el yo humano se transforman en nuevas formas sociales. Goethe y Hegel, padres de estas concepciones, se encuentran con discípulos que crean movimientos importantísimos para todo el desarrollo de la humanidad. No obstante, el burgués medio no se incorpora a estas tendencias; sólo el Liberalismo, sobre todo en su aspecto económico ligado al capitalismo, lleva a la burguesía a acoger estos valores, exclusivamente en el campo económico, medio en que los Estados Unidos se mueven como pez en el agua. Pero en la clase media europea no se produce una transformación profunda de hábitos de pensamiento y de responsabilidad social.
Muchas reflexiones religiosas y filosóficas arrastran un pensar plagado de medievalismos. Todavía sigue siendo muy importante el argumento y no la experimentación. La especulación como hábito del pensamiento abstracto inunda los círculos políticos y culturales. Sólo algunas voces se alzan, expresando la necesidad de que el yo humano se perciba también como una experiencia objetiva, la necesidad de ir a la búsqueda del pensar como experiencia trascendente dentro de la experiencia y encontrar la libertad en el acto de conocimiento que surge a partir de la observación y que permite al sujeto experimentarse como co-creador de la realidad.
Rudolf Steiner y Husserl intentan abrir este camino siguiendo las huellas de Stirner y del Idealismo de principios del siglo XIX. En España, Sanz del Río intenta aplicar toda esta vía de corresponsabilidad social en el Idealismo que inspiraba la Primera República, con la colaboración de Salmerón, Pi y Margall, etc. Nace así el Racionalismo Armónico, el sentido auténtico de Aurea Mediocritas como ideal de la burguesía. La capacidad de equilibrar los extremos se convirtió en base de la Institución Libre de Enseñanza, que desempeñó un papel fundamental hasta los años treinta de nuestro siglo .
El mismo Ortega se empapó de la Lógica de Hegel, tarea que le llevó dos años: entre 1.912 y 1.913. Como él mismo dice, ahí aprendió la lectura en profundidad. En 1.914 escribió las Meditaciones del Quijote. Al concepto lo denominó órgano de la profundidad, del escorzo, y en ese libro acuña el término de Razón Vital. María Zambrano bautiza la Razón Poética. La intención es que el hombre medio, a partir de su transformación personal y de sus circunstancias, se sienta actor en la vida social.
Lo mismo ocurre con la Generación del 27; Lorca y sus compañeros, en su actividad con "La Barraca", buscan la interiorización de la cultura hispánica... Pero, realmente, la mayor parte de la burguesía reacciona -nunca mejor dicho-, ante el marxismo, en forma de fascismo, nazismo y todos los "ismos" derivados.
En su obra sobre el destino, María Zambrano describe la pureza de ideal y de trabajo que tenían cientos de jóvenes en la España de los 30 y que nunca imaginaron la tragedia que se cernía bajo sus pies.La transformación cultural burguesa, es decir, la del hombre medio, no se ha producido. Aparece en su lugar el "hombre masa".
En la segunda mitad del S. XX, con las Revoluciones de Praga y de París, se intenta revitalizar esa transformación latente en el espíritu europeo. Pero tampoco tiene éxito. Debido al progreso económico, los hábitos del hombre masa se extienden hacia arriba (aristocracia) y hacia abajo, al extinto proletariado; no existe sino aburguesamiento de la aristocracia y aburguesamiento del proletariado, pero esta vez con una connotación negativa: no como Aurea Mediocritas, sino como una ola de conservadurismo, conformismo y reforzamiento de los sistemas de seguridad. En el vacío de la actividad del hombre medio se ha producido el auge de los medios de comunicación, los cuales, como la propia frase expresa, mediatizan los pensamientos del hombre masa.
Las representaciones, juicios y pensamientos que se vierten desde los "mass-media" al ciudadano, ocupan el vacío existencial que, como "la nada" en el libro de Michael Ende, se extiende en el corazón del hombre medio. Los valores producidos por la cultura: filosofía, pintura, música, literatura, etc. no forman parte de la cotidianidad. Se reemplazan por pseudo-valores culturales: telenovela, espectáculos deportivos y la política como circo, en los que el hombre es sólo espectador pasivo. La cultura que capacita, que crea instrumentos de conocimiento en el alma, no crece en términos mayoritarios, y se impide el desarrollo de la iniciativa, base de "la auténtica sociedad civil".
Es cierto que en estos finales del siglo XX hay un interés creciente por la filosofía, la pintura, la música y las artes en general. A través de bancos, fundaciones y museos, se organizan actos culturales a los que asisten muchísimas personas. No dejan de hacer efecto en aquellos que los disfrutan, pero la mentalidad mayoritaria es de un hábito aristocrático de consumo. El espectador no se siente actor, sino sólo visitador de museos, oidor de conciertos y asistente a conferencias que dejan sello, pero no el suficiente para alcanzar un nivel de iniciativa en lo social, político y económico.
Se trata de pasar de ser sujeto pasivo de la cultura a ser creador de cultura. Si individualmente se observa y se recrea aquello a lo que tenemos acceso en la cultura, se podrá experimentar cómo los cuadros, los conciertos, las conferencias, no son un producto acabado sino algo que yo tengo que terminar. Son producciones inacabadas, como claramente se ve en los cuadros de Leonardo o en el mismo Velázquez, y, por supuesto, en toda obra artística moderna. Saberse co-creador del pintor o de los anónimos arquitectos de una iglesia románica o de los invisibles obreros de un paisaje, o, más sencillo que todo eso, del ser humano que tengo delante, requiere más un facultarse que una "formación" informativa.
Por eso, cuando se habla hoy en día de formación, se está más cerca de aquello que a través de la argumentación intelectual me da una titulación, que de un auténtico "ser capaz de" con el que tener la seguridad, mediante la real capacitación, de extraer de las circunstancias las ideas, los sentimientos que serán inspiradores de mis actos para la vida ordinaria.
En realidad, desde la vanguardias de principio de siglo están puestas las bases para que encarnen las ideas de los filósofos existencialistas y fenomenólogos, que hablan de la necesidad de crear valores existenciales individuales: la interiorización de lo observado (lo más cercano), puente hacia la utopía (lo más lejano); el desarrollo de un caminar vivo que tiene como base al individuo creador de sus propios valores; el cultivo de una auténtica autoestima, que procede de la auto-creación y no del elemento pasivo del ego.Pero el hombre medio las ignora en su cotidianidad.
El Arte Social intenta practicar la Razón Vital, la construcción de puentes en forma individual y compartida cuando un grupo de individuos se enfrenta, en un acto voluntario, a la necesidad de recrear la circunstancia: desde lo más ínfimo a todo lo que nos rodea como patrimonio natural, artístico, laboral, empresarial, etc.
La extensión de esta labor individual compartida permite la "enalmación" de la cultura -en primer lugar la iberoamericana, cuyo centro es la cotidianidad-, contribuyendo así al aterrizaje práctico de la cultura en la vida diaria. Sin este aporte "que podría ser" del mundo iberoamericano, Europa tiene dificultades tanto para crear una unión cultural europea como para que la Razón Vital esté detrás de los logros económicos y financieros.Arte social: cultura práctica, interiorización de la circunstancia periférica, encuentro de lo perdurable a través del tiempo, recuperación de la épica europea.
Jaime Padró
Publicado en la revista: Cuadernos de Arte Social / publicación de la Fundación Círculo de Arte Social -Madrid






















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