¿Corrupción igual a normalidad?

“Cuando no podáis vencer al enemigo facilitarle el poderoso veneno de la corrupción”
Napoleón
“Corrompe, corrompe y siempre tendrás el poder” Maquiavelo
Con Franco, y dentro de las menores posibilidades de una España en situación de colapso, ya se practicó con notable éxito el bello deporte de la corruptela. Esta y no otra fue la causa que lo mantuvo en el poder durante 40 años. El generalísimo dejo hacer a sus anchas a militares, gobernadores, iglesia y oligarquía terrateniente por lo que siempre fueron -¡faltaría más!- los primeros fieles guardianes de su pedestal. Con él ya se dio la patente de corso al poderoso. La lección no fue desaprovechada, tuvo aventajados discípulos desde la mismísima supravalorada Transición. Los alumnos, bajo el palio de la honestidad y la democracia, han superado con creces al maestro.
El desentreno de la UCD, según estudios bastante serios, por su todavía poca preparación fue la organización política que menos mordió el erario público. Después el desmadre. Orgía que comienza con los trece años de reinado del PSOE, ahíto de poder y de descontrol político, y que sigue en los senos tanto de AP, como luego del PP que destapó el tarro de las esencias. Entre unos y otros se suceden los casos Naseiro, túnel de Soller, caso Zamora, caso de la construcción en Burgos, Filesa, Malesa, la Expo, el AVE, los fondos reservados y un largo etc… que nos llevaría a necesitar de varios folios para enumerarlos todos. A poco que se hurga en este “merder” volvemos a comprobar que si con Franco se abrió el tarro de las esencias, estos podridos ejemplares de la peor fauna ibérica, lo han mejorado y perfeccionado con creces. Desde aquella ¡España va bien!, ¡fenomenal!, desde luego para los que llenaban los bolsillos a costa del sacrificio de los de siempre, a la crisis sin precedentes en la que nos envolvió el desmadre de la cultura del pelotazo y satélites, hay todo un recorrido de villanías sin nombre, de desprecio a la verdad, a la decencia, a la honradez, la dignidad, la moderación, la rectitud, la integridad y la moralidad que sitúan a este país en la desesperanza y en la peor crisis de todas las posibles: la de la credibilidad. ¿De quién nos fiamos?
Y esto es digno de ser estudiado. El hombre en un momento dado pudo optar por escoger dos caminos. Aquél que desde el conocimiento del “sí mismo” hace consciente al hombre de su interioridad. Para -desde ella- entender que el acto libre sólo es aquel que conduce a amar a aquello que me dicta mi conciencia. Primer mandamiento de la moralidad y la ética. Es esto tan importante que el ser que llega a vivir en este espacio, como consecuencia inmediata de este acto volitivo aprende a respetar y empatizar con el prójimo. Otro “sí mismo” que responde al suyo con el mismo movimiento de su voluntad. ¿Qué ha pasado, para qué seres débiles que no consiguen alcanzar esa actitud sana, tienen que suplirla con el poder, la fuerza y el dominio sobre los demás? ¿Qué ha pasado?
El primero, aquél que se ha encontrado con “él mismo”, con lo que es en verdad, no necesita de esa sobredimensión en que sitúan los otros la ambición y el egoísmo. El egoísmo es consecuencia de que las fuerzas del instinto. Potencias vitales incluso de supervivencia tales como la satisfacción del hambre y de la preservación de la propia vida; que, en su adecuado lugar, son válidas y necesarias, dejan de serlo cuando abandonando su ámbito de actuación correcto se sitúan, de forma fraudulenta, en lo general. El darwinismo trasladado a lo social, “sobreviven los mejores”, es la lacra que acompaña al hombre desde que lo acogió en su seno y se hundió, sin reservas, en el materialismo más absoluto. Esto nos ha conducido a una civilización analítica. . . que supone especialización, separación, desmembración. . . hasta extremos que en muchas ocasiones se llega a tal grado de particularización, que lo que fue el inicio de cualquier estudio en marcha, aquello que lo motivo, se ha perdido en el camino hacia ninguna parte. Por eso la desorientación es otro de los estigmas de esta civilización decadente. Especialización que ha llegado hasta la medicina. Todavía no se han enterado que el órgano no enferma. El que lo hace es el hombre entero. Y que, la manifestación en un lugar determinado, es consecuencia de que algo falla en el conjunto. Por eso en lugar de tratar al hombre general para sanar lo particular, tratamos el órgano –de o particular a lo genera- y claro –lean las listas de contraindicaciones en los medicamentos empleados- lo que es bueno para uno es tremendamente peligroso para otros. Aquí me acuerdo de un viejo sabio médico de mi juventud que decía: “para tomar medicamentos hay que tener muy buena salud.” Sabia recomendación.
Consecuencia directa de esta especialización es el estándar, el protocolo, el formulario, la ley, la regla. . . todo sujeto a lo previsible el hombre queda atrapado en una red de agentes exteriores que lo oprimen, hasta dejarlo, sin respiración posible. . . exhausto. En este mundo sólo prima lo personal, mis necesidades. . . satisfacerlas es el fin. El individuo se convierte en un estado de situación y se obvia esa otra posibilidad que, estando en un proceso constante, provoca una actividad del yo por la cual –lejos de los formulismos y rutinas- realizándose en cada momento, está en constante transformación. Por eso lo importante son los momentos. Y eso es lo más alejado que hay del protocolo. La especialización, la ley, la norma, lo previamente establecido no ve la circunstancia. El momento actual, la novedad, no se valora en el conjunto de una vida sujeta a lo previsto. Nos sitúan –y nosotros accedemos sin oposición- en la característica. . . en la particularidad. . . en aquello que nos lleva al aislamiento. . . como consecuencia al egoísmo. . .
Sin embargo deberíamos situarnos en nuestro yo, sólo desde él somos más conscientes de nosotros mismo. No para medrar en nuestros intereses, sino para desde allí encontrar lo que hay que hacer de forma desinteresada. Sin el peso de la autoridad externa o la norma preestablecida, decidir –desde uno mismo- sin la presión del entorno lo que hay que hacer. ¿Qué relación hay entre tú y yo? En la contestación de esta sencilla pregunta es donde se encuentra la verdadera relación social. . . lo que une lo separado. . . el lugar donde tenemos que profundizar y percibirnos. . . donde tenemos que medrar. . . esto es un acto moral. . . junto con el otro. . . porque asumes las consecuencias de tu actuación y no las disuelves en un entramado de modelos que excluyen la propia responsabilidad. . .
El mundo de las ideas es movimiento porque se busca encontrar relaciones comparando. . . allí hay fricción. . . calor. . . que enardeciendo al sujeto lo sitúan en la vida como un ser social. La ideología, perdido el movimiento, es la congelación de la idea en un estado. . . en un momento de su evolución. Extraída del proceso se convierte en decálogo y sus seguidores en discípulos de un maestro tomado como referencia. Involución manifiesta. Las ideologías así entendidas, separadas del hacer constante que las hace vivas y pujantes, se convierten en algo muerto. La ausencia de vida, apresados en sus convicciones, convierte en fanáticos a sus oficiantes. Entonces el otro se ve como un contrario. Es el momento en que aquellos que, en principio buscaban lo mismo, se separan. Se distancian y se sienten enemigos. . . han olvidado lo que los une. . . para aferrarse a la diferencia nacida precisamente de la separación de un proceso que siendo igual para todos. . . cada uno. . . ha decidido apartarse de él en un momento diferente del mismo. . . congelarlo en ese instante. . . que además. . . ahora por desconocido. . . es abandonado. . . lo universal ha fallecido en los brazos de lo particular. . . la especialización aparece en el universo humano. . . la evolución en eterna metamorfosis es pura retórica. . .
Pero la especialización es propia del animal, ¿nos estamos animalizando? El hombre alcanza, precisamente su humanización, en la desespecialización. El animal como ser subordinado depende de sus instintos y el yo que en el hombre es individual –consecuencia de la eliminación de esa dependencia- en ellos es grupal, pertenece a la especie, de ahí que las respuestas sean compartidas por todo el género. En esta nueva circunstancia en la que el hombre se especializa y además es convertido en masa por elementos tales como la moda, la comunicación, la técnica, internet, los móviles. . . es penetrado por lo uniforme. . . se acorrala la diversidad y desde la tecnificación se diseca. . . se deja sin vida. . . muerta. . . sin capacidad de reacción. . . vivimos en un mundo virtual. . . sin ser conscientes. . . dominados. . . volvemos a la especie. . . al yo grupal.
Mundo creado a la carta. Donde todo ocurre y pasa con velocidad de vértigo. De la noche a la mañana las noticias pasan. . . se hacen viejas. . . sin llegar a crecer mueren. Estamos rodeados por esbirros –periodistas- que sirven a su señor. No olvidar que no hay prensa de derechas o de izquierdas, hay dos mercados a satisfacer por el capitalista -único- en busca de beneficios. . . hay que darles comida. . . aunque sea tendenciosa y envenenada. . . Todo está planeado y decidido para en este mundo proyectado. . . nada es producto del azar. El fin. Tener domesticado al personal, para en completa impunidad –sólo pagan, y laxamente, los segundones- mandar, robar, disponer, desvalijar. . . la corrupción no es un accidente es una consecuencia. . .
Si queremos invertir la situación, tenemos que cambiar nosotros. . . no seguirles el juego. . . volver a la consciencia del yo individual. . . hoy en franco desuso y abatimiento. . . el hombre actual desmenuzado en la colección, el adiestramiento, la manipulación. . . pronto a disolverse en un mar de mediocridad donde el cuervo se alimentará de sus despojos. . . está firmando su sentencia. . . ¿estamos llegando a ello. . .? ¿Tenemos fuerzas para levantarnos. . . o seremos pasto de nuestra propia mediocridad. . .?
Antonio Martínez





















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