DEMOCRACIA, ¿VERDAD O ILUSIÓN?

Para empezar debemos saber que la totalidad de los seres que, como humanidad pueblan el planeta, viven en una polaridad cuanto menos desconcertante; ya que globalmente –como conjunto- están desarrollándose en el alma sensible, motivo por el cual sienten una aspiración vigorosa hacia el socialismo; mientras que como individuos lo hacen en el alma consciente, cuya característica principal es una tendencia innata hacia el individualismo. Contradicción manifiesta que tiene que ser subsanada, dado que lo que tienen que construir, para equilibrar la polaridad, es un socialismo que sea consecuencia del individualismo. Más la cuestión comienza a complicarse cuando el tipo de autonomía que prima en los individuos es de naturaleza egoísta –no desde el yo, sino desde el ego- con lo cual, y como lógica consecuencia, en la actualidad sólo es posible la aparición de un socialismo de tipo vertical en clave de poder. Y lo que es peor, esta misma respuesta, es la que dan todos los partidos para estructurarse como tales -sin ninguna excepción- en torno al líder carismático; lo que nos lleva, ya como principio, a unas democracias de dudosa autenticidad. El conflicto llega a cotas comprometidas cuando se generaliza el pensamiento, en los más, de que la democracia parlamentaria es el último eslabón de la cadena.
En este escenario el socialismo horizontal basado en el individualismo ético es una utopía; dado que, en este caso, estamos hablando de un procedimiento producto del movimiento, en constante metamorfosis, donde lo importante no es el dogma –la ley-, sino la circunstancia. En este proceso lo significativo es el accidente que, desde sí, se convierte en creador de la forma adecuada para cada caso en particular. Cuestión inversa a lo que ocurre en el socialismo vertical, donde es la circunstancia, es la que tiene que plegarse a la exigencia de la forma previamente establecida.
Todo proceso iniciado, por los abanderados de la causa, dirigido hacia la novedad del socialismo horizontal, es cercenado por la fuerza de la gravedad y el peso de las potencias que actúan desde el miedo, la inestabilidad permanente y el dogmatismo; para, bajo la amenaza de estas intimidaciones, conseguir la docilidad de las masas ante los cambios represivos, el aumento de poder de las clases dirigentes y la pérdida de derechos por parte de los ciudadanos.
Y es que casi hasta el siglo XIX no había duda sobre los tres estamentos: espiritual, jurídico, económico y sus funciones sociales. Desde los antiguos vedas en que los Brahamanes surgían de la boca de Dios, los guerreros de sus brazos, los comerciantes de los muslos y los sin casta de los pies de la divinidad, hasta la primera organización social del antiguo Egipto, en que el faraón ocupaba la cúspide de la pirámide (de ahí que este fuera su modelo de construcción), adornado con la doble corona –lo que lo hacía único propietario del suelo-, el cayado -que lo identificaba como el sacerdote supremo- y, por último, el látigo -que lo convertía en juez principal y máximo comandante-, la estructuración social era monolítica; a continuación se situaba el escalafón de los sacerdotes –encargados de lo espiritual- que ocupaban la parte alta de la pirámide social; después los nobles –representantes del orden jurídico-; y, en la base del edificio, soportando el peso de estas castas superiores se situaban artesanos, comerciantes y campesinos –como sustentadores de la economía-. La segunda organización social que aparece es la de las monarquías, donde ya ha habido un cambio sustancial, la nobleza pasa a ocupar la parte alta de la construcción piramidal social con el rey a su cabeza; el segundo escalón es ocupado por la jerarquía eclesiástica –ámbito espiritual-; mientras que artesanos, campesinos y comerciantes –economía- se sitúan, otra vez, como la base sacrificada que da aliento a las clases superiores.
La tercera organización que se correspondería con los tiempos modernos si la evolución no hubiera sido violentada, es la que se identifica con la democracia horizontal; en ella la pirámide se invierte, la parte de arriba habría sido ocupada por los ciudadanos –fraternidad-; el centro por lo jurídico; mientras que lo espiritual, como sustentador de todo, es lo que habría debido de mantener y alimentar a todo este nuevo edificio social. Exactamente la inversión de aquella primera organización egipcia. Sin embargo esta transformación se hace inviable en las condiciones actuales, dado que las formas hechas consolidadas y esclerotizadas imposibilitan el movimiento, el cambio y la transformación; puesto que todo, ¡TODO!, se estructura siguiendo las antiguas estructuras de poder: partidos, sindicatos, instituciones públicas y privadas, economía de mercado, socialismos autoritarios, dictaduras y lo que es peor –lo que creemos que es el final del camino- las democracias parlamentarias. El mal ha endurecido las formas y las ha hecho inviables para andar el nuevo sendero que la humanidad precisa. De ello tenemos que ser conscientes.
Una indicación seria para nuestra época es aquella que anuncia: “Buscar lo que tienen en común los hombres y las razas”. Más esto no es posible si el hombre no se convierte en un espíritu libre y lo peor es que, si no lo conseguimos, no somos hombres completos y esto, para nuestra desgracia, sólo se puede lograr en el contexto de una plasticidad y un dinamismo constante, imposible en la parálisis actual. El ambiente en que hoy vivimos sistematiza y analiza, siendo en estas condiciones la síntesis –el único lugar donde puede aparecer la simultaneidad- una utopía. Y el problema, en toda su magnitud, comienza con una educación deficiente que no enseña a percibir al otro, resultado que no puede alcanzarse sin antes haber sido capaz de percibirte a ti mismo, capacidad que solo se puede lograr desde la auto-observación, sin ella es imposible el poder descubrir al prójimo. Sin el cultivo de esta cualidad, totalmente ausente en nuestras escuelas, toda aspiración social se transforma en tan sólo un anhelo. Creemos que somos pensamientos, sentimientos y voluntad, pero mientras no alcancemos la situación descrita, lo único que podemos hacer es intelectualizar esos conceptos; ya que sólo cuando me salgo de mi mismo y me observo desde fuera puedo iniciar el camino hacia el alma consciente. El intelecto es el “qué”, lugar agrio e inhóspito, donde vive la civilización actual, más debemos de ser conscientes, de que esto es el fruto de la “caída”, estamos en el “hay qué”, “hay qué”, “hay qué. . .” Pero la resurrección, amigos, llega desde el “cómo”. El “hay qué. . .” es descriptivo y analítico; el “cómo” se sitúa en el mundo del conocimiento, entre percepción y concepto, en el mundo del “entre” donde habita el Cristo. Sólo en este lugar el alma puede estar y ser activa.
Y, para consolidar si cabe más nuestros males, durante el siglo XV comienza el principio de la tragedia. En España –otra vez España- llegan al poder los Reyes Católicos que van a construir la primera nación moderna del mundo. Con anterioridad Toledo ha sido el centro de la unión en la diversidad, en su zona de influencia conviven las tres culturas –cristiana, musulmana y judía- en perfecta armonía. Más Fernando e Isabel unifican el país y lo hacen, ¡atención!, expulsando a musulmanes y judíos, esto es de vital importancia para el futuro y la circunstancia que vivimos en la actualidad, dado que el concepto de nación que va a ser exportado a Europa se construye en base al pensar excluyente, como consecuencia, en el continente las naciones que aparecerán, con posterioridad a este evento, van a tomar este mismo modelo. Estándar que se instaura y que se perpetúa en el tiempo hasta nuestra época actual. Bien es verdad que con Goethe (S. XVIII) se pudo cambiar el fluir de los acontecimientos, sin embargo los europeos por todos estos motivos, más tendente a dejar fuera que a sumar, se aferraron al imperativo categórico kantiano basado en el pensamiento excluyente. En consecuencia el camino que se siguió, a consecuencia de esta toma de posturas, fue directo hacia el precipicio.
Si los países de esta parte del mundo para su aparición han seguido esta forma de construirse, no lo han hecho menos sus supuestas democracias y la más moderna Unión Europea, lugar y lugares, donde se muestran los egoísmos particulares y donde se negocia –caso de los refugiados- hasta con seres humanos como si se tratara de reses que hay que repartirse; con la salvedad que como éstas no sirven para comer, sino que hay que mantenerlas, el escaqueo se generaliza. Europa no sabe incluir, y si alguna vez lo hace es desde el sentimiento, ya que desde lo que pienso como ideología a lo que debería de pensar como idea hay un abismo y, en éste, se haya extraviado el continente europeo desde hace mucho tiempo. Y, hasta hoy, por lo visto y comprobado, todavía sin visos de encontrarse. Ya que representarse la acción con los efectos que va a producir es entrar conscientemente en la vivencia del Karma y hoy la RESPONSABILIDAD, es decir el conocimiento de las causas, es tan sólo una palabra en los diccionarios que, como tantas otras, no pasa de ser un mero eufemismo. Y es que si fuéramos capaces de representarnos, antes de hacer las cosas, aquello que vamos a realizar en el mundo, quizás muchas de las acciones que efectuamos no las llevaríamos a cabo. Pero no, ¡ni mucho menos!, actuamos realizando, casi siempre, lo contrario de lo que deberíamos pensar; y eso, amigos, en medicina está diagnosticado, se trata de una esquizofrenia galopante.
El hombre consciente, aquel que necesita una democracia horizontal, es el que observa para encontrar la relación que le une con lo observado. Es verdad, el no reconocerlo sería soberbia, que cuando llevas esto al mundo no tienes una idea exacta de lo que va a ocurrir, pero al menos eres consciente de lo que haces y, esto es lo importante, trabajar con acciones que representan lo observado y no hacerlo bajo mis intenciones particulares, las más de las veces, de carácter egoísta.
Así pues las dos tendencias que mueven al mundo son la histeria y la parálisis, actuo de manera irresponsable sin medir las consecuencias; o, por exceso de intelectualidad, la acción excesivamente reflexiva paraliza el proceso. El hombre responsable en su iniciativa tiene que buscar el equilibrio en el seno de esta polaridad. Para ello debe observar su propósito y hacerse representaciones del mismo para no llegar o a la acción volitiva sin dirección, o a enclaustrarse en un paralizante exceso de reflexión. Una emoción siempre tiene que llevarse hasta el pensar, el no hacerlo es uno de los muchos males que padecemos; para un correcto actuar es necesario, adelantándome a los acontecimientos, elevarla a la voluntad del pensar para no quedarme en la mera intelectualidad.
Podría seguir añadiendo nuevas perspectivas sobre el tema, sin embargo creo que sería reiterativo. Además creo que hay suficiente con lo expresado para darnos cuenta en qué tipo de democracias y de instituciones continentales estamos inmersos, de cuáles son nuestros males y de dónde pueden llegar las soluciones. Por ello y después de todo lo comentado, vuelvo a plantear la pregunta del principio: DEMOCRACIA, ¿VERDAD O MAYA, ILUSIÓN? Contestarla no desde el sentimiento, sino desde la consciencia del correcto pensar.
Antonio Martínez





















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