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La experiencia pura, una superación de la consciencia habitual

7 nov 2016
3 min de lectura

“La experiencia pura es aquella forma de la realidad en la que esta nos aparece, cuando, con plena abstracción de nuestro yo, nos enfrentamos a ella”[1].


...Continuación del post anterior (3 de noviembre): El hombre como actor del conocer.


En primer termino tendríamos que aceptar como evidencia que, exceptuando la percepción de los sentidos y el pensamiento no existe ningún otro elemento a considerar en una experiencia consciente. Se podría considerar incluida en lo que llamamos percepción, también la percepción suprasensible, sin que esto altere esencialmente el termino referido como experiencia consciente.


Nuestra tarea consta por lo tanto, situar frente a nosotros la experiencia. Denominamos experiencia todo aquello que se sitúa en nuestro campo de observación. A todo ello lo designamos como contenido de la experiencia, ignorando en principio todo aquello que pueda existir fuera de este.


De todos es conocida la frase “la observación es la madre de la ciencia”. Nos situaremos anímicamente en esta privilegiada posición de observadores. En nuestro campo de observación la realidad del mundo exterior nos invadirá a través de nuestros sentidos de percepción con una multitud de impulsos sin que apenas podamos hacer algo para impedirlo, mientras y al mismo tiempo vivenciaremos interiormente todo un mundo lleno de riquezas anímicas.


Tratemos de retener que la primera de nuestras actividades es la captación sensoria de la realidad. Es al contenido de esta captación que llamaremos a continuación como percepción sensible.


a. Ejercicio de la experiencia pura – exclusión del pensar en la percepción[2].


En el primer termino la percepción como contenido se nos aparece con una infinita variedad de formas, fuerzas, colores, sonidos como surgidos de una fuente que nos es desconocida. La finalidad de esta observación es apreciar la inconexión y aspecto caótico de esta multiplicidad. Pero la realidad percibida con los sentidos es impregnada casí de forma simultanea con conceptos captados y elaborados por nuestro pensar. Sólo gracias a este comprendemos lo que percibimos, relacionamos, completamos y enriquecemos lo acogido pasivamente en la percepción.


Desde el principio podemos ver la dificultad que comporta lo que podemos llamar la experiencia pura. En esta tendremos que separar lo que nos aparece mezclado desde su doble origen como experiencia y pensamiento.


Considerando lo anteriormente dicho realicemos el siguiente ejercicio. Coloquemos delante de nosotros dos discos de colores diferentes, pongamos uno rojo y otro amarillo y a continuación hagamos la experiencia, contemplando sólo los fenómenos que no son del pensar. Cerramos los ojos, los abrimos y contemplamos primero el color rojo, luego el amarillo. Después, todo esto que se nos presenta como una absoluta obviedad, tratemos de describirlo, respondiendo a las siguientes preguntas.


  1. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que el color rojo esté allí?

  2. ¿Qué es lo que tiene que suceder para que el color rojo siga allí?

  3. ¿Qué es lo que sucede para que allí esté el color rojo y no el amarillo?

Las preguntas son textuales y se refieren únicamente a los hechos que involucran la percepción, tratando de eliminar los juicios que aparecen mezclados con esta.


Es importante, para la finalidad del ejercicio, que se trate de responder individualmente a estas preguntas, y sólo después leer las consideraciones que describiremos en otro post.


Continuará...




[1] Rudolf Steiner, Teoría del conocimiento.

[2] El ejercicio que reproducimos es el original concebido para las clases de epistemología impartidas por Dr. Friedrich Benesh, y posteriormente dados a conocer y practicados en las reuniones de la Fundación Círculo de Arte Social por Jaime Padró.

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