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Sistema - Antisistema, la oportunidad del Individualismo ético

27 oct 2016
6 min de lectura

....Continuación de la anterior publicación: EL DESIERTO DE LA MODERNIDAD

Pero también es verdad, que es mucho lo que un hombre, individualmente, pueda hacer si esta dispuesto a abandonar la pasividad. Desde luego su incidencia no será cuantitativa tal como ocurre con el voto, pero tal como dilución homeopática su cualidad potenciará soluciones reales, derivadas del sentido común, criterio propio en base a propias percepciones e intuiciones, en fin de todo aquello de cual uno puede hacerse en la práctica responsable si decide dejar de delegar este núcleo moral de los propios actos, que en el fondo nos cualifica verdaderamente como seres humanos.

La cualidad de cual hablamos, es el fondo de nuestra vida anímica, que es vida moral y que es lo único que en verdad nos dignifica y finalmente justifica. Si no es por esto no tendría ningún sentido la libertad humana prefigurada en la famosa frase de Ortega:…”la vida es de cada cual”…El tan esperado cambio se dará en cada hombre, de uno en uno, libremente, con un pensar propio basado en nuestra capacidad intuitiva, moralmente como única salida para considerarnos realmente responsables. Mientras, no nos podemos responsabilizar de nada, mas si acaso de las consecuencias de los actos omitidos, es decir de lo que hemos dejado de hacer desde esta renuncia pasiva.

Paralelamente con la crisis del sistema financiero averiguamos que determinadas finanzas no están involucradas en la crisis. Se trata del auge del micro-crédito, las cooperativas de credito locales y la banca ética. Si bien son todavía señales singulares resultan muy significativos. En el caso de los micro-créditos, con su baja morosidad y sostenibilidad real frente a la subvención, mostrando se como buena solución de problemas humanos concretos, cabe destacar que aquello en que reside su éxito es su proporción, la relación directa y de confianza en las “humildes capacidades personales” o familiares para actuar en la economía. En todos los casos citados, el elemento común es la percepción directa de la persona y su iniciativa, que brota de su capacidad real. Es así de simple y a la vez así de grande este ejemplo de “vinculación”.

Tal vez ahora podemos pre-visualizar lo que realmente significa la confianza que en este caso nos ocupa, confianza que en el fondo subyace detrás de todo lo que ocurre en la economía, que entra en una auténtica crisis cuando esta comienza a faltarle.

Pero quedémonos con lo esencial de este breve diagnostico; el hombre no interviene, no está, no se involucra, no se conmueve, no se asombra. En la práctica, el hombre ha desaparecido.

Pero todo lo que la humanidad puede llamar cultura, ideas, descubrimientos, progreso, arte y ciencia se han generado de forma inequívoca primero en la intuición pensante de un determinado individuo. ¿Confirmación o excepción de su especie? ¿Esta maravillosa individualidad es natural, biológica, o una conquista biográfica de “Si misma”? Decía Ortega en este sentido:..”el hombre no tiene naturaleza, tiene biografía”…Vida de “cada cual”, personal, individual, pensante y sentiente que pueda generar actos libres o bien, falsificarse a sí misma.

En realidad sólo en este caso podemos hablar de un Ser Humano, dotado no sólo con una capacidad pensante y auto consciente, pensar que a través de la intuición se puede realizar sólo en una individualidad, quien guiada por su corazón sensible recién puede actuar en consecuencia motivado por las ideas nacidas “espiritualmente libre”.

Este es el origen de todo “liberalismo”, que no económico que tanto se menciona hoy, que tanto costó históricamente conquistar y que lamentablemente se quedó prácticamente sin justificación en el mundo actual. ¿Quedará sin sentido que la vida sea personal, individual y que esta dignidad humana la libertad, que comporta una moralidad propia, no tenga fundamento?

Ahora bien si esto es así, estos sistemas que tienden a suplantar nos, se gestaron en las ideas nacidas en algunos individuos, y luego se generalizaron. No puede ser de otra manera, primero fueron pensamientos e intuiciones individuales y sólo después se adoptaron como leyes generales. Ahora estamos acostumbrados al conductivismo, inculcando las leyes generales en la educación del civismo siempre desde fuera, esperando que el individuo después actúe conforme a ellas.

El hombre necesita llegar a ser en algún momento actor de si mismo y alcanzar la madurez viene a significarse como el comienzo de ello. Claro que esto no es una cuestión de edad, sino un momento biográfico, por lo tanto individualizado, es decir, ¡puede producirse o no! A esto se refiere Ortega en sus consideraciones sobre la libertad humana en su libro, “La rebelión de las masas”:..la libertad de elección del hombre pasa por la elección entre ser uno mismo o…falsificarse a sí mismo.

Debemos a la Filosofía de la Libertad de Rudolf Steiner, el fundamento de una autentica ciencia de la libertad, basada en la observación consciente de la actividad pensante, como base de la autoconciencia y por ende de todo conocimiento, incluyendo el más importante para lo que nos ocupa, el conocimiento de los motivos de nuestras acciones, parte importantísima del conocimiento de nosotros mismos. Esto no puede lograrse más que por la conquista de la libertad en la más pura interioridad, mediante una auto-educación permanente, donde uno mismo llega a conocerse como “espíritu libre”. Moralidad y responsabilidad se tornan pura hipocresía y por lo tanto “indignos” fuera de esta concepción. ¿Cómo se le podría exigir a un hombre responsabilidad cuando se considera que todo aquello que lo forma y define se encuentra fuera de el mismo, por ejemplo brotando desde cualquier sistema establecido bien fuera este moral, político o económico?

Pero la ventajas de un sistema consisten justo en suplir este aparente riesgo de “anarquía” en la cual cada individuo actuaría según le parezca, y no conforme a una implacable legalidad establecida. Esto puede pasar si es que ignoramos que en cada individuo real se encuentra el centro del conocimiento, o de responsabilidad con una genuina capacidad moral. Más todavía cuando esta individualidad en ciernes, en su llegar a ser viene a ser ensombrecida, si no totalmente camuflada en su devenir, por el todopoderoso egoísmo y la propia conveniencia de el derivada. En este último termino se encuentra todo el pensamiento contemporáneo, en una total desconfianza en el hombre mismo. El egoísmo del hombre parece ser insuperable, y sin medidas de fuerza, irreductible. Pero ¡Ay! En ello nos lo cargamos todo y perdemos toda la confianza que libremente el hombre lo superará.

Este es el riesgo, que todo “stablishment” promete evitar. Para ello tiene colaboradores eficaces sobre todo allí donde esta individualidad falta. Uno de ellos es el miedo. El miedo, y particularmente aquí tendriamos el miedo a des-estructurarse, que por lo pronto obliga al sujeto a adoptar estructuras en la que no participa en modo alguno. Como en la famosa cama de Prócusto, se tiene que adaptar a ellas. Aquí podemos experimentar el alcance de la frase: Las ideas que no pensamos… nos llegarán a dominar. Las ideas del “sistema” de la índole que sea, son adoptadas, si no inculcadas, por su presunción de eficacia, sin reparar en las consecuencias, o en la necesidad de comprobarlas, re-pensarlas o bien crear unas propias.

¿No es verdad que a todo esto se lo ha llamado ser eminentemente “practico”?, frente a toda consideración de cultivo espiritual, vea se cultura, tan falsamente llamada utópica? Los sistemas son “eficientes”, y sobre todo cómodos, nos sirven para disfrazar nuestros límites, debilidades y pasividad envueltas en papel de solución, generalizadas en cómodas formulas obtenidas por especialistas cuya subjetividad se camufla con la objetividad “científica”.

En lo contrario, tendríamos que creer en el hombre y en su capacidad de autodeterminarse moralmente, y su espontánea colaboración desde la libertad, en la elaboración de nuevas estructuras vivas y orgánicas. En lo viviente la colaboración de las partes es siempre orgánica. Todas las partes tienen la cualidad del todo que lo integran, y desde esta calificación siempre actúan como sinergia. Los conceptos de cooperación tendrán que reemplazar las vetustas ideas de la lucha por la existencia. El desconocimiento profundo de la naturaleza del pensar, su capacidad universal de relacionarnos con la esencia ideal, es decir, su capacidad de asegurar la unidad en la diversidad, tan anhelada sin embargo, impide que esta confianza brote de la certeza y no de una nostalgia de tiempos pretéritos cuando los hombres, eran guiados como nuestros infantes, hacia una madurez deseada.

Es una ley espiritual que la vida anhele una forma, pero esta se vuelve luego un freno resistente para la misma si no tiene capacidad para disolverse en la incesante actualidad del devenir. La eficacia programática de la forma aplicada a la vida y en particular a lo humano donde lo genuino, lo propio y lo creativo, es decir lo nuevo, piden continuamente su espacio, es lo que ha hecho que la modernidad sea un desierto para la vida anímica.

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