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Sobre la metodología reduccionista de la ciencia

31 oct 2016
6 min de lectura

“Albert Einstein señaló que los prob­lemas no pueden ser resueltos a través del mismo nivel de conciencia que los creó. Si nosotros enfrentamos nuestros retos del siglo XXI con una mentalidad reactiva que refleja primordialmente las realidades de los siglos XIX y XX, acrecentaremos la frustración, el cinismo y la ira. En to­dos los meta-procesos vemos la necesi­dad de aprender a responder desde un origen generativo”.

U Theory- Otto Schramer

...Continuación del post: Del Intelecto a la Intuición

La palabra intelecto / inteligencia tiene su origen en el latín intelligere, de inter: entre y legere: elegir, seleccionar. Su aceptación mas común y tradicional la identifica con la facultad de pensar, o comprensión con conceptos adecuados de la realidad de las cosas. Es la capacidad de formar en la mente representaciones de la realidad, relacionándolas entre sí, la capacidad de aprender y comprender.


El término intelecto fue usado por primera vez en la escolástica medieval para traducir la expresión Νους que los griegos contraponían a Διανοια, es decir, la razón. Νους en la filosofía griega era el pensamiento ordenador del universo que transforma el caos inicial en cosmos y Platón lo define como “intuición” de las formas ideales. Aristóteles le atribuye la capacidad para penetrar en la interioridad de las cosas y captar lo que tiene el ser per sé, es decir la “substancia”, lo que permanece siempre único e idéntico a si mismo prescindiendo de las particularidades exteriores.


Esta forma de pensamiento tradicional supone la posibilidad de un conocimiento trascendente de la esencia de las cosas, metafísico, hoy poco admitido por la filosofía en general y totalmente excluido por la ciencia en cuanto tal. Veremos en que ha quedado “reducido” el proceso del conocer cuyo contenido es puramente generador y creador, bajo la hegemonía de la metodología científica en vigor que excluye, por definición, el objeto de la metafísica (aquí señalamos como metafísica aquello que no tiene existencia física, como el contenido ideal, esencia de las cosas) y queda fuera de su posible estudio(sic).


En cualquier caso, el intelecto en su aceptación actual es la facultad analítica del pensar cuya función consta en dotar a este con conceptos concretos y bien definidos, una actividad básicamente diferenciadora que se contrapone a la otra facultad del pensamiento, la razón, cuya misión es sintética y vinculante. Ella hace que los conceptos creados por el intelecto se relacionen mutuamente. La inicial disociación artificial, pero necesaria, creada por el intelecto puede ser superada por la razón que puede mostrarnos la unidad interior de esta separatividad. Sin duda la primera operación realizada por nuestro intelecto es absolutamente necesaria en tanto que necesitamos de una definición concreta bien diferenciada de las cosas antes que encontrar una armonización de estas. Sin ella el mundo nos aparecería como una unidad confusa e indeterminada. Sin embargo, es un hecho que estas dos actividades no han gozado de la misma estimación por parte de las ciencias, enfatizándose la primera en detrimento de la segunda. La explicación reside en parte en el desarrollo de las ciencias naturales cuyas formulaciones necesitaban distinguir los objetos de su estudio con precisión.


La Psicología como ciencia actual tampoco considera el entendimiento como una facultad, sino que sólo estudia el comportamiento o conducta inteligente. La Psicología cognitiva estudia el proceso del conocimiento como una pauta más del comportamiento, como resultado elaborado por el sistema nervioso, en el cerebro, a partir de unos inputs o toma de datos siguiendo el modelo cibernetico. Suele creerse que en la conciencia se va generando un pensamiento para cada cosa que luego se queda dentro de ella para poderlo extraer cuando se le necesite y a semejanza del almacenamiento de memoria de un disco duro, los pensamientos de cuales no somos conscientes en este momento se hallan custodiados en nuestra mente, bajo el umbral de la conciencia.


Recuerdo desde la época de mis estudios universitarios de “ciencias”, que la asignatura de informática constaba en el aprendizaje de un nuevo lenguaje. Era un lenguaje de programación basado en algoritmos matemáticos, cálculo matricial y la recién llegada e innovadora teoría de los conjuntos. El lenguaje que estudiamos llamado Fortran, servía básicamente para poder programar una maquina informática, una “calculadora”, ordenador o computer, que tan familiares han llegado a ser hoy. Curiosamente, nunca entonces habíamos trabajado con una computadora, ya que en esa época no tan distante, 1972, “la maquina” ocupaba el espacio de un edificio, y habría que visitarla como a un museo, con una excursión concertada. La programación en si misma consta básicamente en la configuración de la máquina con una serie lógica de pautas numéricas y así poder interactuar con ella. No me quiero extender en una explicación detallada de estos contenidos, que no constituyen el objeto de este ensayo, sin embargo hay algo muy relevante, que aparte no necesita mucha erudición matemática, que puede arrojar mucha luz sobre el tema propuesto. Este lenguaje “maquina” se basa en el sistema binario, constituido por grupos de O y 1. Se trata de verdaderos árboles lógicos que permiten avanzar paso a paso salvando las ramificaciones a través de una elección: izquierda o derecha, 0 o 1. Esta es su lógica, avanzar salvando polaridades, si o no. En efecto, la lógica de este lenguaje, no sobrepasa lo más primitivo de la inteligencia instintiva de un ratón. Me refiero, a las habituales experimentos sobre la inteligencia animal, en los cuales se coloca a un ratón y algún alimento en un laberinto con la finalidad de observar su comportamiento en la elección instintiva del camino efectivo para conseguir el ansiado bocado. Cada respuesta, cada elección te introduce irremediablemente en un camino. Los programadores, introducen estas elecciones como un simple lenguaje para conseguir el circuito predeterminado por la finalidad del programa.


Esta es la programación de las maquinas así llamadas inteligentes, calculadoras y más tarde que llamamos ordenadores. La información tiene un contenido muy definido, concluido y terminado y puede ser almacenada y ordenada según los criterios que los definen. Igual que se puede encontrar en un buen diccionario, encontramos en la red informática, todas las definiciones (concluidas) del significado de todas las cosas conocidas hasta el momento. El proceso inteligente sigue las elementales pautas de la elección entre opuestos.


Llegamos así a algo fundamental respeto al tema que nos ocupa. Nos revela los limites del conocimiento basado en la metodología de la ciencia reduccionista.


En primer lugar, los opuestos como tal, no pueden coexistir y se eliminan por contradicción. La lógica formal no acepta la contradicción “in termini”. Sin embargo lo problemático siempre se nos presenta como contradictorio y su solución dependerá de nuestra capacidad pensante para transformar las contradicciones en polaridades, integrar los opuestos como complementarios, hacerlos coincidir en un meta-nivel, el de su generación. Ello nos muestra que nuestro espíritu no puede considerarse un mero recipiente del mundo de las ideas, que contiene en su interior los pensamientos, sino un órgano que los percibe, para que a su vez, pueda elaborar contenidos esenciales partiendo e estos.


En segundo lugar, el desarrollo de la ciencia informática y de la tecnología ha reforzado exitosamente el modelo instruccionista utilizado en la Neurología para el sistema nervioso. Como ciencia que considera el sistema nervioso y el cerebro en su estructura y funcionamiento como el soporte material del conocimiento y la conducta, el modelo instruccionista presupone o asume que el cerebro humano funciona como procesador de datos que necesita de estimulación externa para generar una actividad comprensible, es decir, requiere instrucciones. Por el hecho de que este modelo instruccionista es conducido y determinado desde el exterior, una psicología compatible encontró su representante en la escuela conductivista que identifica fuera del ser humano las fuentes aparentes de cualquier hecho o motivación subjetiva. El mayor efecto singular del Conductivismo ha sido socavar la suposición de que cada uno de nosotros tiene acceso a una conciencia independiente y con ella una elección moral libre. De acuerdo con su paradigma todos estamos sujetos a un programa de conducta. Basándose en experimentos con animales y sus respuestas ante recompensas, esta escuela de pensamiento reduce las actitudes, convicciones y puntos de vista personales, al nivel de reflejos complejos condicionados que surgen como consecuencia del procesamiento de información.


Aquí tenemos el perfil desalentador de lo que llamamos ciencia reduccionista; “primero socava la confianza en la capacidad interior de determinación y juicio y segundo la reemplaza con la presuposición que el ser humano es sólo un animal dotado de una forma particularmente avanzada de programación informática. Las consecuencias de gran alcance que este cambio de orientación ha tenido -y aún tiene- se experimenta en la perdida de los valores tradicionales como lo corrobora el creciente cinismo, oportunismo y criminalidad y por otro lado la perdida del sentido de motivación que guían hacia el letargo y el pasotismo. Su desastroso impacto en la filosofía y la psicología educativa y las influencias resultantes en los métodos de enseñanza y de examen, tanto para niños como para adultos, es imposible de estimar[1].”


...Continuará...

Vlad Apetrei, octubre 2016

[1] Dr. James A. Dyson



 
 
 

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